De regreso a la isla Santa Fe: Nuevas experiencias y expectativas

Por Wacho Tapia, Director del Programa de Restauración de Tortugas Gigantes en Galápagos.

Normalmente en procesos de restauración ecológica, los resultados se ven a largo plazo. En el caso de la isla Santa Fe, dicho proceso inició en 1979, cuando el Parque Nacional Galápagos erradicó las cabras ferales, contribuyendo a la recuperación de la flora propia de la isla. Sin embargo, la ausencia de las tortugas gigantes por un poco más de siglo y medio, estaba provocando que los procesos ecológicos no sean normales. Por esto, desde el año 2015 como parte de la Giant Tortoise Restoration Initiative, se inició el proceso de repoblación de Santa Fe con tortugas gigantes.

Hasta la fecha se han liberado en Santa Fe 393 tortugas juveniles de la especie de Española (Chelonoidis hoodensis), como análogo ecológico de la especie que se extinguió en la isla debido a que fue explotada en siglos pasados. Por lo tanto la estrategia de monitoreo tuvo que cambiar.

Es por esto que por primera vez desde que el proceso de repoblación con tortugas empezó, esta vez — a pesar que implicaba no poder bañarnos durante ocho días — decidimos acampar en la parte alta de la isla, a menos de un kilómetro del polígono diseñado para la búsqueda de las tortugas.

Este pequeño cambio significó tener diariamente entre tres y cuatro horas adicionales de trabajo y así poder cubrir aproximadamente el 30% de la superficie de la isla y localizar la mayor parte de las tortugas liberadas.

La experiencia de los monitoreos realizados en el 2015 y 2016, nos indicaba que a diferencia de lo que ocurre en otras islas donde se hace repatriación de tortugas, en donde éstas no se alejan mucho del área de liberación, en Santa Fe si se movilizan distancias más largas. Con esto en mente, el polígino de búsqueda se diseño en base de los puntos más extremos donde se encontró tortugas en el monitoreo del año anterior. Sin embargo, no fue suficiente, pues gracias a los equipos de radiotelemetría instalados en 30 de los 201 primeros animales liberados, pudimos localizar dos grupos de tortugas que están habitando aún más lejos: el uno en el extremo sur de la isla a menos de 100 metros de la orilla del mar y el otro en el extremo noroeste en la base de uno de los cerros más altos de la isla, ubicado a casi tres kilómetros del área de liberación.

Todas las tortugas localizadas mostraron excelente condición física, estaban en pleno crecimiento. Pero lo que nos llamó la atención es que las tortugas que cuando fueron liberadas en el 2015 tenían ocho años y como máximo 33 centímetros de largo curvo de su carapacho y 3,8 kilogramos de peso, ahora tienen entre 44 y 47 centímetros y hasta 9,6 kilogramos de peso. Además, todos los individuos de ese tamaño ya se empieza a evidenciar la forma de montura de su carapacho. Parecería ser que la gran cantidad de cactus que hay en toda la isla, constituye una permanente fuente de alimento disponible, aún en tiempos de sequía y como tal eso se ve reflejado en el rápido crecimiento y magnífica condición de todas las tortugas que encontramos. Pero lo que más nos llamó la atención es que hasta ahora ya con las tortugas habitando en Santa Fe por dos años, no hemos encontrado ninguna tortuga muerta. Esto sin duda no solo sugiere que la tasa de sobrevivencia, hasta la fecha, es del 100% (o muy cerca) sino que sería una de las más exitosas experiencias de repoblación de una isla con tortugas.

Llevo haciendo investigación y monitoreo en Galápagos desde hace casi 25 años y tengo el privilegio de conocer todas las islas del archipiélago y haber presenciado infinidad de eventos que probablemente muy pocas personas en el planeta hemos presenciado. He visto por ejemplo gran cantidad de gavilanes de Galápagos anidando y a una distancia no mayor de dos metros — como dicen las reglas del Parque Nacional Galápagos; pero jamás me había ocurrido, que estando a más de 10 metros de un nido con un pichón de gavilán no solo sus padres sino un grupo de cuatro gavilanes me ataquen, al punto que si no tenía en mi cabeza una gorra y un pañuelo como protección contra el sol, con toda seguridad sus muy fuertes y filudas garras me hubiesen provocado una grave lesión. Por cosas como esta, sin duda la naturaleza única de Galápagos jamás dejará de sorprenderme y apasionarme.

Han pasado cuatro años desde cuando empezamos el proceso de monitoreo periódico de Santa Fe y hemos aprendido mucho sobre los procesos ecológicos que allí ocurren. Sin embargo, el camino para su restauración ecológica es largo. Vamos a seguir liberando nuevos grupos de tortugas juveniles cada uno o dos años y seguramente las tortugas van a seguir ampliando su distribución. Seguiremos también realizando viajes de monitoreo, cada vez siendo más creativos y ambiciosos, para documentar adecuadamente los cambios en el ecosistema y así contribuir a generar el mejor conocimiento científico posible para ayudar a la toma de decisiones de manejo sobre esta y otras islas. Sueño con el día cuando se pueda ver tortugas por toda la isla y que los turistas también puedan verlas en el sitio de visita.