Censo poblacional de las tortugas del Este de Santa Cruz: Parte 1

Por Wacho Tapia, Director del Programa de Restauración de Tortugas Gigantes en Galápagos.

Llevo casi cinco años trabajando para la Giant Tortoise Restoration Initiative (GTRI) y he organizado y liderado muchas expediciones de campo, incluyendo a las islas Pinzón, San Cristóbal, Española, Santa Fe y al Volcán Wolf, uno de los lugares más difíciles del archipiélago, pero en todos los casos he tenido una gran ventaja, el conocer muy bien los sitios y saber a qué me voy a enfrentar.

Sin embargo, a finales del pasado mes de octubre tuve la responsabilidad de organizar y dirigir el censo integral de tortugas gigantes del Este de la isla Santa Cruz. Las tortugas del Este de Santa Cruz (Chelonoidis donfaustoi) fueron descritas como una especie nueva para la ciencia apenas en octubre de 2015 y se encuentran en peligro crítico de extinción. Por ello resulta indispensable conocer su estatus poblacional, para poder proponer medidas de manejo para garantizar su conservación en el largo plazo.

El área donde habitan estas tortugas, al igual que el resto de los ecosistemas de Galápagos, es un lugar extremadamente hermoso ¬¬- pero poco explorado desde el punto de vista científico. Por eso nos sorprendió, por ejemplo, que desde los 120-130 msnm y casi hasta la orilla del mar existen flujos de lava (localmente conocidos como piedreros), tan agrestes que ni siquiera las tortugas pueden caminar sobre ellos. Sin embargo, fue reconfortante que a pesar de la extrema sequía encontremos en floración varios árboles de matazarno (Psidia carthagenensis) muy robustos y que han escapado a la tala ilegal. Signo inequívoco de que el cambio climático ha cambiado completamente la fenología de las especies.

Mientras esto ocurría en la zona árida, en la zona húmeda el paisaje era completamente diferente - completamente verde, gracias a las constantes garúas caídas durante los tres últimos meses. Pero tristemente también debido a la invasión de especies introducidas y la presencia de la zona agrícola, lo cual ha provocado que esta parte del área de vida de las tortugas del Este de Santa Cruz, esté cubierta por especies como pasto elefante, mora, guayaba y cedrela. todas ellas especies útiles para el ser humano, pero letales para el ecosistema, pues donde se establecen desplazan a las especies nativas.

El censo en el este de Santa Cruz fue uno de los más grandes retos que he tenido, no solo porque solo conocía una pequeña parte del área de vida de las tortugas, sino porque luego del censo de tortugas gigantes de San Cristóbal realizado en el 2016, se trataba de realizar uno de los mayores censos desarrollados en la historia de los esfuerzos de conservación de Galápagos. El reto era cubrir el área de vida conocida de esta población, pero también toda el área potencial, es decir aproximadamente 80 km2 de un terreno agreste, trabajando bajo condiciones climáticas adversas.

Mi tensión por asegurar que todo salga bien fue enorme, pues era una actividad que se la venía intentando realizar desde casi dos años atrás, pero por diferentes razones siempre se pospuso. Por lo tanto, empecé la planificación con la Dirección del Parque Nacional Galápagos desde inicios del 2018. Sin embargo, de aquello y a pesar de que para diseñar los bloques de búsqueda fue necesario recurrir a los conocimientos y experticia de guardaparques y otros expertos, e incluso realizar varias visitas para abrir picas; cuando finalmente llegó el día en que viajamos al sitio para realizar el trabajo, surgieron algunos imprevistos. Como por ejemplo que, para poder transportar la comida en mulares, las personas contratadas para hacerlo tuvieron que mezclar cosas para equilibrar el peso y entonces a cada grupo le faltó algo, como aceite o leche, pero lo más grave fue que precisamente al mío le faltó, lo más importante “el café”, lo cual hizo nuestros días miserables.

El plan incluyó establecer 12 campamentos simultáneos cubriendo un área de más de 80 km2 que iban desde las fincas en la zona agropecuaria colindantes con el área del Parque Nacional en la zona húmeda hasta casi la orilla al extremo Este de la isla. Cada bloque tenía una extensión aproximada de 6,5 km2, que debían ser cubiertos por un grupo de tres personas, realizando caminatas diariamente desde las 06h00 de la mañana hasta la hora en que el sol desaparecía y nuestra energía también. Cuando era posible, regresábamos a nuestros campamentos; cuando no, buscábamos el lugar más cercano con la menor cantidad de piedras posible y ojalá algún pequeño túnel donde podíamos estar protegidos del frio, para colocar nuestros sleeping bags y pernoctar. De hecho, al grito diario del guardaparque Marcelo Gavilanes “Levantarse Bagotes”, a pesar de ser las cuatro de la mañana, todos salíamos de nuestras carpas o nuestra cueva, para preparar el desayuno. Nos equipábamos y dirigíamos hacia nuestros bloques de búsqueda, donde continuábamos nuestro trabajo hasta haber localizado y marcado hasta la última tortuga presente.

Solo con una planificación detallada, la preparación de alimentos, equipos, agua, un protocolo muy detallado, y un largo etcétera de cosas, y la pericia de los más de 50 guardaparques, científicos y porteadores que participamos del censo, permitió que durante tres semanas de intenso pero gratificante esfuerzo, logremos recorrer por completo cada uno de los 12 bloques establecidos para la búsqueda de tortugas. Ahora con total satisfacción y certeza podamos decir que las tortugas del Este de Santa Cruz habitan un área no superior a los 40 km2, pero que hay ciertos individuos que rompen este esquema y esporádicamente se atreven a explorar fuera de esos límites.

Fueron casi tres semanas de intenso trabajo, los primeros 10 días enfocados principalmente en el área del Parque Nacional Galápagos y los restantes en la zona agropecuaria. Logramos localizar, capturar y marcar con un microchip 403 tortugas, de las cuales casi el 50% (190) fueron juveniles. Por lo que en base de esto se estimó la población en aproximadamente 564 individuos.

El censo integral de la población tan solo tres años después de su descripción fue posible gracias al apoyo financiero de People’s Trust for Endangered Species y otros donantes; así como al enorme esfuerzo desplegado por los guardaparques y científicos durante tres semanas de extenuante trabajo. Por ello desde este espacio quiero agradecer a todo ese equipo de profesionales comprometidos con las tortugas y su conservación, por adaptarse a las difíciles condiciones que tuvimos que enfrentar y hacer su trabajo con entusiasmo y con una sonrisa en los labios ante la adversidad.