Solitario George: Un símbolo de conservación, un amigo, un “fantasma” que me acompañará siempre

Por Wacho Tapia, Director del Programa de Restauración de Tortugas Gigantes en Galápagos.

Cuando en 1990 conocí al Solitario George, jamás pensé que durante tantos años estaría tan íntimamente ligado a él, incluso después de su muerte. Pero esa relación que empezó ayudando a una amiga a tomar datos de su comportamiento, eventualmente, unos años después, se convirtió en ser responsable de tomar las decisiones sobre su manejo en el Centro de Crianza Fausto Llerena, al igual que sobre la restauración ecológica de Pinta, su isla natal.

El 24 de junio de 2012 trabajaba para el Parque Nacional Galápagos y luego de Don Fausto Llerena (su amigo y cuidador), fui la segunda persona en ver al Solitario muerto, lo cual nos tomó por sorpresa. Solo dos días antes había estado en su corral y lo vi en buenas condiciones, pero la muerte incluso en nosotros los humanos, simplemente llega sin aviso previo.

El mismo día de su muerte empezó una nueva e intensa etapa de la historia de George, lo primero fue tomar su cuerpo y llevarlo a una cámara de frio para evitar que se descomponga. Enseguida vino la necropsia para buscar las causas de su muerte. Una vez terminada, empezó el trabajo para preservar su cuerpo para la eternidad. 

La decisión de qué hacer con el Solitario George no fue fácil, pues no se trataba de una tortuga cualquiera, era el Solitario George y por lo tanto no había margen para ningún error.

Con los constantes cortes de energía que ocurren en Galápagos, el mantenimiento de su cuerpo congelado a una temperatura que no permita su descomposición, pero también no queme sus tejidos fue complicado, se alargó hasta marzo del 2013. Finalmente, con los permisos requeridos, viajó al Museo Americano de Historia Natural en Nueva York, para su taxidermia. Mi primera satisfacción en todo el proceso fue al recibir  noticias del Dr. James Gibbs (quien lo transportó hasta Nueva York) de que George llegó sin problemas, y que los expertos en el museo dijeron que nunca habían recibido un espécimen tan bien preservado.

El proceso de taxidermia se estimó que tomaría aproximadamente entre seis y ocho meses, pero en realidad tomó mucho más. Su retorno a Galápagos demoró también debido a muchos factores, incluyendo la construcción en Galápagos de un edificio con las condiciones adecuadas para su preservación., Tanto duró el proceso, que hasta cambié de trabajo. Sin embargo, mi responsabilidad de contribuir a su preservación no terminó, pues ahora desde mi nuevo puesto como director del Giant Tortoise Restoration Initiative con Galapagos Conservancy, la entidad que no solo financió el proceso sino que lo coordinó directamente, igualmente sigo involucrado con George.

En 2014 tuve la oportunidad de visitar al Solitario George en el laboratorio de WildLife Preservations, donde George Dante, el taxidermista encargado del proceso, hacía su trabajo con pasión. En este momento, supe que el Solitario estaba en las mejores y más profesionales manos. Eso me tranquilizó y durante un largo tiempo, como parte de mi nuevo trabajo con GC, solo tenía que obtener reportes periódicos para transmitirlos al Parque Nacional Galápagos. Sin embargo, desde finales de noviembre del 2016 cuando su nueva casa en Galápagos estaba casi lista e iniciamos el proceso para su retorno, esa rutina tranquila se convirtió en una de las situaciones más estresantes y complejas que he tenido que enfrentar, especialmente porque no podía tomar las decisiones y me convertí en una especie enlace entre los diferentes actores involucrados.

Muchos se preguntarán por qué? La respuesta es simple, porque en un archipiélago tropical donde incluso conseguir un simple ventilador casero puede resultar difícil, lograr tener una sala y en su interior una cámara que las 24 horas del día y los 365 días del año permanezca a 19°C, con 55% de humedad y con 50 Lux de luminosidad, se convirtió en un reto muy complejo de alcanzar. A pesar que los constructores hicieron un excelente trabajo, luego de monitorear la cámara y su funcionamiento se detectó algunos problemas que no podían resolverse localmente. Tuvimos que conseguir dos equipos de microclimatización directamente de los fabricantes en Ohio. Una vez enviado a Syracuse en Nueva York, James Gibbs, el mismo que viajó tres años atrás con el Solitario a EEUU, los trajo como parte de su equipaje. Llegaron solo 3,5 horas antes del Solitario. 

En Galápagos, un equipo técnico y administrativo de la DPNG trabajaba a marcha forzada, consiguiendo la colaboración de diferentes instancias gubernamentales tanto para obtener los permisos como para conseguir un avión para trasladar al Solitario desde Guayaquil,  pues en los aviones comerciales simplemente esta no entraba en sus bodegas. 

En los Estados Unidos, muchos otros también estaban trabajando contra-reloj para enviar al Solitario George a su hogar. Personal de GC trabajó fuerte para obtener todos los permisos, manifiestos de envío, boletos, y cartas oficiales para las aduanas (saliendo de los Estados Unidos y llegando a Ecuador) para asegurar que no habrá sorpresas en su viaje de regreso.

Fueron semanas de mucha tensión y cambios tras cambios para muchos de nosotros, en los EEUU como en el Ecuador continental y Galápagos, con el tiempo como nuestro peor enemigo. Pero todos hemos dado nuestro mejor esfuerzo para garantizar que el Solitario George regrese a casa sin sufrir ningún daño y permanecerá así para siempre.

Cualquier visitante que vea al Solitario George en su nueva exhibición, estará totalmente lejano de imaginar las complejidades del proceso y la cantidad de personas que tuvimos que intervenir para lograr que la “Sala de la Esperanza” se abra al público el 23 de febrero del 2017. Pero más aún, que a pesar de todos  los esfuerzos titánicos de todos, el trabajo no termina. El Parque Nacional Galápagos ahora toma la responsabilidad principal para asegurar su futuro, pero muchos de nosotros seguiremos involucrados. El  “fantasma” del Solitario George siempre nos acompañará para recordarnos que los seres humanos tenemos en nuestras manos la responsabilidad de hacer lo necesario para que su historia no se repita en otras especies, no solo de Galápagos sino de todo el mundo.